Respuesta desde Ciberfeminismo
Estimadas todas:
María Hernández Royett ha puesto el dedo en la llaga patriarcal: ha enumerado la agenda pendiente que tiene que ver con derechos humanos de las mujeres todas, las afectadas y las que vivimos las consecuencias de la discriminación, exclusión y perversiones del poder machista, sexista y misógino incorregible. En parte, he preferido guardar silencio, antes que criticar ligeramente a las otras que opinan, bajo el principio de acción y ética feminista consecuente: si vamos a criticar para no proponer algo útil, mejor quedarse callada, autocriticándonos sobre lo que podemos hacer para tributar a la lucha, no para desmovilizar, dividir o atacar desde la arrogancia y la superioridad moral. Entorno a este tema, ya habíamos conversado sobre hacer una reflexión pública desde el compromiso y la ética política.
El revanchismo que yo misma habría sufrido alguna vez, la autocrítica por delante no nos ayuda en nada. Aunque no creo en las divisiones o parcelas a la hora de luchar contra los abusadores sexuales, con o sin bata médica o con cargo público, sí pienso que es necesario hablar desde la honestidad, la transparencia y la filiación politica o ideología, sin tapujos. No pienso que sea inconveniente hablar de nuestras filiaciones político partidistas, y nuestra visión del problema de la legalización del aborto, de las políticas públicas en derechos sexuales y reproductivos, de alguna forma hay que llamarlos aunque no avalo el imperativo de la reproducción. Alguna salida tenemos que plantear acerca del problema del abuso sexual de los médicos que violan las leyes y la ética del ejercicio de la medicina, y hasta el sentido común, en el espacio de la consulta médica, justamente con mujeres que son sus pacientes en situación de vulnerabilidad. Alguna salida y alguna visión tenemos todas acerca de la educación sexual, el tema de los valores más allá del chantaje religioso de todas las iglesias, alguna opinión tenemos como mujeres feministas o no acerca de la violencia gineco-obstétrica que todas en algún momento hemos sufrido.
Le pedí a algunas personas que me han escrito al blog no para mostrarme su desacuerdo o su punto de vista sino para decirme lo que debo pensar, hacer, escribir o sentir, que me dejen equivocarme en paz. Esto ha ocurrido y va a ocurrir siempre. Lo repito aquí y ahora: como feminista, chavista crítica, lesbiana, inconforme y con los oídos abiertos, no rehuyo al debate, o a la polémica ni al intercambio y me parece lógico, pertinente y hasta necesario hablar desde nuestras posiciones político partidistas, porque estos temas son políticos, de la alta política. Muchos de los compañeros y compañeras se mostraron ofendidos e indignados porque "el chavismo" había tomado la tarima final del Día de la Marcha Sexodiversa 2009, por el asunto de las "parcialidades" políticas. ¿Nadie observó que los anarquistas marcharon con sus consignas? En las ediciones anteriores much@s de l@s asistentes, marcharon con consignas distintas de los DDHH sexodivers@s: por el cierre de RCTV, por la libertad de expresión, por los enfermos de VIH/Sida. Todo lo cual, me pareció excelente, legítimo y pertinente, entre otras cosas, porque el sentido de tomar las calles es un acto político por excelencia y llevar tus consignas sería lo deseable y lo que se espera, así sea en defensa de los caobos talados del parque homónimo. Las lesbianas han marchado con consignas y pancartas siempre. Los heterosexuales también y que yo sepa, nunca nadie los ha discriminado por ir con pancartas apoyando la sexodiversidad.
¿La tarima y el dinero que financia la "marcha" de la sexodiversidad, justifica que "los organizadores" hagan proselitismo en favor del chavismo? Desde luego que no. Pero esto es un acto político, y lo que precisamente hemos criticado es que no se haya politizado aún más. Creo que los grupos, movimientos, colectivas, personas, ONG's o quienes quieran decir o proponer, deben hacerlo en defensa de sus posturas abiertamente. ¿Por qué no marchan el resto de los partidos, si así quisieran hacerlo? ¿por qué no marchan los sindicatos, los grupos profesionales, los gremios y toda la diversidad de organizaciones civiles en favor de los derechos LGBTTI, como ocurre desde el siglo pasado en muchos países? ¿Quién se los impide, en un acto de calle? ¿Quién les impide exigir cuentas a estos sujetos que han monopolizado porque nosotras lo hemos permitido "la organización" y el despilfarro (limousinas "hummer", camiones, sonidos, luces, propaganda multicolor, afiches y material producido de forma inconsulta) de una "marcha" sin contenido político que nueve años después no exhibe ningún otro mérito más que la visibilización de la población LGBTTI? ¿Quién elige a estos "organizadores" que nunca convocan a las lesbianas ni a las mujeres feministas o no? Eso es una parte del tema, perdonen que me extienda en estos puntos, pero ilustra en parte la defensa que hago desde la necesidad de reconocer y exhibir el sentido político y hasta partidista que en mi opinión deberían exhibir estas manifestaciones callejeras.
¿Qué es lo que hasta ahora nos ha dividido, tanto a las mujeres feministas o no, como a la sexodiversidad? ¿La falta de debate y discusión política argumentada, con respeto y sin ofensas personales, la humildad para reconocer nuestros errores y falencias, el protagonismo crónico y al afán por "agarrar" cobertura mediática, la indiferencia, la apatía, la mezquindad, la falta de cultura militante, los recursos económicos, la organización político partidista con la que tememos "contaminar" las luchas reivindicativas por miedo al sectarismo? ¿la pérdida de cuotas o parcelas de poder, financiamientos y apoyos conquistados desde un partido político, una ONG, o una organización pública o privada? ¿el revanchismo político? ¿la falta de generosidad con el opositor político? Qué fácil e ingenuo es decir que todo esto podría salvarse con la voluntad política y la capacidad de diálogo, pero cuándo, cómo y con qué...
No temamos ni nos inhibamos de decir lo que pensamos o sentimos, desde el respeto a la divergencia, a los desacuerdos, que saludablemente los hay y seguirá habiendo. El problema nos es detenernos en los desacuerdos y tratar de persuadir o convencer a las otras desde las trampas, los dobles discursos o las agendas ocultas para luego, "torcer la intención" como solía decir Mercedes Fermín Gómez. Todas ustedes saben estas cosas mejor yo, perfectamente bien porque son militantes, luchadoras y han protagonizado demasiadas batallas jurídicas, políticas, sociales, personales. Permítanme redundar, abusando de su tiempo, en las cosas que se caen de maduras: el asunto es buscar las coincidencias, aprovechar la rabia y la indignación para encauzarlas y actuar hasta ver los resultados exitosos, como demuestra la trayectoria histórica de las luchas de las mujeres en nuestro país.
Gioconda Espina ha afirmado en un texto que recomiendo ampliamente, sobre todo a las más jovenes e ignorantes como yo, "Las feministas de aquí": Una [...] característica de la organización de las mujeres en Venezuela ha sido la actuación unitaria para la conquista de los objetivos que son comunes. Me sorprende que en su editorial de este mes, Espina confiese sin rubor que "con todas las diferencias que hay entre sus grupos la sexodiversidad está mucho más organizada y agarra más prensa que el feminismo radical, del que ya no queda casi nada fuera de las aulas de dos que tres universidades". Habla de este momento histórico, sin duda, julio de 2009. Lo que me sorprende tristemente es que ella que batalla aún hoy por y desde el feminismo haga esta afirmación sin que se le mueva un pelo, y que, para colmo, y por eso estamos como estamos, ningún grupo de la sexodiversidad, excepto Contranatura y Las Deseantes, reconozca conscientemente la herencia de las luchas feministas ni de las luchas de mujeres que sabemos que no es lo mismo ni se escribe igual respecto a la batalla que estamos dando ahora mismo con la discusión de la Ley de Equidad e Igualdad de Género, debate por el cual, dicha sea de paso, GE se ha pronunciado afirmando que "quienes toman las decisiones siguen anclados a fines del siglo XIX, cuando el conservadurismo de toda laya (también el socialista) se amparaba en el criterio de autoridad de sexólogos como Kraft-Ebbing y Havelock Ellis, para quienes todas las personas cuyo instinto sexual no tuviera como objeto específico al otro sexo y como finalidad biológica determinada la reproducción de la especie, era un degenerado".
En el año 1944, a propósito de la demanda del voto femenino, las organizaciones de mujeres venezolanas levantaron más de 12 mil firmas con las que respaldaron la solicitud de reforma constitucional ante el Congreso. Hay que decir que aquel famoso "cuaderno de las 12 mil firmas", tal como lo reseña la prensa de la época, se recogió en una Caracas que no llegaba a los 500 mil habitantes, en un país que sobrepasaba apenas los 4 millones de personas. Las mujeres organizadas levantaron firmas en todo el país sin internet, ni fax, ni convergencia digital ni blackberry y en el exterior, desde los Estados Unidos y Europa, donde las mujeres criollas y extranjeras, algunas de ellas exiliadas y desterradas, luchaban contra el sexismo y el patriarcado infranqueable inherente a las dictaduras militaristas. Esto fue una hazaña en una Venezuela que apenas se despertaba del aletargamiento gomecista, lopecista, en medio de toda la turbulencia sociopolítica de un medinismo con intenciones democráticas y abiertas, que también fue barrido en las luchas por el poder incorregible. ¿Y eso que tiene que ver? Pues que ahora las organizaciones de la sexodiversidad que dice Espina, más organizada y agarrando más prensa que las feministas radicales, no han podido levantar ni la mitad de las firmas que en 1944 presentaron las mujeres que defendieron y conquistaron el derecho al sufragio del que gozamos hoy en día nosotras, las herederas de esas luchas. ¿Cómo hacemos para no defraudar ese legado histórico y ponernos a su altura con los retos actuales? ¿qué pasa con la militancia feminista y sexodiversa? ¿es un problema de recursos o un asunto de honestidad ético política?
El abuso sexual de parte de los médicos ginecólogos enfermos de poder, la despenalización del aborto que desangra y mata a las mujeres más empobrecidas de este país y el reconocimiento de los derechos politicos de la población LGBTTI que podrían comenzar a ver luz a partir de la Ley de Equidad e Igualdad de Género, en mi opinión, son las prioridades a debatir, para actuar en consecuencia.
Diana Ovalles Márquez
ciberfeminismo.org.ve
María Hernández Royett ha puesto el dedo en la llaga patriarcal: ha enumerado la agenda pendiente que tiene que ver con derechos humanos de las mujeres todas, las afectadas y las que vivimos las consecuencias de la discriminación, exclusión y perversiones del poder machista, sexista y misógino incorregible. En parte, he preferido guardar silencio, antes que criticar ligeramente a las otras que opinan, bajo el principio de acción y ética feminista consecuente: si vamos a criticar para no proponer algo útil, mejor quedarse callada, autocriticándonos sobre lo que podemos hacer para tributar a la lucha, no para desmovilizar, dividir o atacar desde la arrogancia y la superioridad moral. Entorno a este tema, ya habíamos conversado sobre hacer una reflexión pública desde el compromiso y la ética política.
El revanchismo que yo misma habría sufrido alguna vez, la autocrítica por delante no nos ayuda en nada. Aunque no creo en las divisiones o parcelas a la hora de luchar contra los abusadores sexuales, con o sin bata médica o con cargo público, sí pienso que es necesario hablar desde la honestidad, la transparencia y la filiación politica o ideología, sin tapujos. No pienso que sea inconveniente hablar de nuestras filiaciones político partidistas, y nuestra visión del problema de la legalización del aborto, de las políticas públicas en derechos sexuales y reproductivos, de alguna forma hay que llamarlos aunque no avalo el imperativo de la reproducción. Alguna salida tenemos que plantear acerca del problema del abuso sexual de los médicos que violan las leyes y la ética del ejercicio de la medicina, y hasta el sentido común, en el espacio de la consulta médica, justamente con mujeres que son sus pacientes en situación de vulnerabilidad. Alguna salida y alguna visión tenemos todas acerca de la educación sexual, el tema de los valores más allá del chantaje religioso de todas las iglesias, alguna opinión tenemos como mujeres feministas o no acerca de la violencia gineco-obstétrica que todas en algún momento hemos sufrido.
Le pedí a algunas personas que me han escrito al blog no para mostrarme su desacuerdo o su punto de vista sino para decirme lo que debo pensar, hacer, escribir o sentir, que me dejen equivocarme en paz. Esto ha ocurrido y va a ocurrir siempre. Lo repito aquí y ahora: como feminista, chavista crítica, lesbiana, inconforme y con los oídos abiertos, no rehuyo al debate, o a la polémica ni al intercambio y me parece lógico, pertinente y hasta necesario hablar desde nuestras posiciones político partidistas, porque estos temas son políticos, de la alta política. Muchos de los compañeros y compañeras se mostraron ofendidos e indignados porque "el chavismo" había tomado la tarima final del Día de la Marcha Sexodiversa 2009, por el asunto de las "parcialidades" políticas. ¿Nadie observó que los anarquistas marcharon con sus consignas? En las ediciones anteriores much@s de l@s asistentes, marcharon con consignas distintas de los DDHH sexodivers@s: por el cierre de RCTV, por la libertad de expresión, por los enfermos de VIH/Sida. Todo lo cual, me pareció excelente, legítimo y pertinente, entre otras cosas, porque el sentido de tomar las calles es un acto político por excelencia y llevar tus consignas sería lo deseable y lo que se espera, así sea en defensa de los caobos talados del parque homónimo. Las lesbianas han marchado con consignas y pancartas siempre. Los heterosexuales también y que yo sepa, nunca nadie los ha discriminado por ir con pancartas apoyando la sexodiversidad.
¿La tarima y el dinero que financia la "marcha" de la sexodiversidad, justifica que "los organizadores" hagan proselitismo en favor del chavismo? Desde luego que no. Pero esto es un acto político, y lo que precisamente hemos criticado es que no se haya politizado aún más. Creo que los grupos, movimientos, colectivas, personas, ONG's o quienes quieran decir o proponer, deben hacerlo en defensa de sus posturas abiertamente. ¿Por qué no marchan el resto de los partidos, si así quisieran hacerlo? ¿por qué no marchan los sindicatos, los grupos profesionales, los gremios y toda la diversidad de organizaciones civiles en favor de los derechos LGBTTI, como ocurre desde el siglo pasado en muchos países? ¿Quién se los impide, en un acto de calle? ¿Quién les impide exigir cuentas a estos sujetos que han monopolizado porque nosotras lo hemos permitido "la organización" y el despilfarro (limousinas "hummer", camiones, sonidos, luces, propaganda multicolor, afiches y material producido de forma inconsulta) de una "marcha" sin contenido político que nueve años después no exhibe ningún otro mérito más que la visibilización de la población LGBTTI? ¿Quién elige a estos "organizadores" que nunca convocan a las lesbianas ni a las mujeres feministas o no? Eso es una parte del tema, perdonen que me extienda en estos puntos, pero ilustra en parte la defensa que hago desde la necesidad de reconocer y exhibir el sentido político y hasta partidista que en mi opinión deberían exhibir estas manifestaciones callejeras.
¿Qué es lo que hasta ahora nos ha dividido, tanto a las mujeres feministas o no, como a la sexodiversidad? ¿La falta de debate y discusión política argumentada, con respeto y sin ofensas personales, la humildad para reconocer nuestros errores y falencias, el protagonismo crónico y al afán por "agarrar" cobertura mediática, la indiferencia, la apatía, la mezquindad, la falta de cultura militante, los recursos económicos, la organización político partidista con la que tememos "contaminar" las luchas reivindicativas por miedo al sectarismo? ¿la pérdida de cuotas o parcelas de poder, financiamientos y apoyos conquistados desde un partido político, una ONG, o una organización pública o privada? ¿el revanchismo político? ¿la falta de generosidad con el opositor político? Qué fácil e ingenuo es decir que todo esto podría salvarse con la voluntad política y la capacidad de diálogo, pero cuándo, cómo y con qué...
No temamos ni nos inhibamos de decir lo que pensamos o sentimos, desde el respeto a la divergencia, a los desacuerdos, que saludablemente los hay y seguirá habiendo. El problema nos es detenernos en los desacuerdos y tratar de persuadir o convencer a las otras desde las trampas, los dobles discursos o las agendas ocultas para luego, "torcer la intención" como solía decir Mercedes Fermín Gómez. Todas ustedes saben estas cosas mejor yo, perfectamente bien porque son militantes, luchadoras y han protagonizado demasiadas batallas jurídicas, políticas, sociales, personales. Permítanme redundar, abusando de su tiempo, en las cosas que se caen de maduras: el asunto es buscar las coincidencias, aprovechar la rabia y la indignación para encauzarlas y actuar hasta ver los resultados exitosos, como demuestra la trayectoria histórica de las luchas de las mujeres en nuestro país.
Gioconda Espina ha afirmado en un texto que recomiendo ampliamente, sobre todo a las más jovenes e ignorantes como yo, "Las feministas de aquí": Una [...] característica de la organización de las mujeres en Venezuela ha sido la actuación unitaria para la conquista de los objetivos que son comunes. Me sorprende que en su editorial de este mes, Espina confiese sin rubor que "con todas las diferencias que hay entre sus grupos la sexodiversidad está mucho más organizada y agarra más prensa que el feminismo radical, del que ya no queda casi nada fuera de las aulas de dos que tres universidades". Habla de este momento histórico, sin duda, julio de 2009. Lo que me sorprende tristemente es que ella que batalla aún hoy por y desde el feminismo haga esta afirmación sin que se le mueva un pelo, y que, para colmo, y por eso estamos como estamos, ningún grupo de la sexodiversidad, excepto Contranatura y Las Deseantes, reconozca conscientemente la herencia de las luchas feministas ni de las luchas de mujeres que sabemos que no es lo mismo ni se escribe igual respecto a la batalla que estamos dando ahora mismo con la discusión de la Ley de Equidad e Igualdad de Género, debate por el cual, dicha sea de paso, GE se ha pronunciado afirmando que "quienes toman las decisiones siguen anclados a fines del siglo XIX, cuando el conservadurismo de toda laya (también el socialista) se amparaba en el criterio de autoridad de sexólogos como Kraft-Ebbing y Havelock Ellis, para quienes todas las personas cuyo instinto sexual no tuviera como objeto específico al otro sexo y como finalidad biológica determinada la reproducción de la especie, era un degenerado".
En el año 1944, a propósito de la demanda del voto femenino, las organizaciones de mujeres venezolanas levantaron más de 12 mil firmas con las que respaldaron la solicitud de reforma constitucional ante el Congreso. Hay que decir que aquel famoso "cuaderno de las 12 mil firmas", tal como lo reseña la prensa de la época, se recogió en una Caracas que no llegaba a los 500 mil habitantes, en un país que sobrepasaba apenas los 4 millones de personas. Las mujeres organizadas levantaron firmas en todo el país sin internet, ni fax, ni convergencia digital ni blackberry y en el exterior, desde los Estados Unidos y Europa, donde las mujeres criollas y extranjeras, algunas de ellas exiliadas y desterradas, luchaban contra el sexismo y el patriarcado infranqueable inherente a las dictaduras militaristas. Esto fue una hazaña en una Venezuela que apenas se despertaba del aletargamiento gomecista, lopecista, en medio de toda la turbulencia sociopolítica de un medinismo con intenciones democráticas y abiertas, que también fue barrido en las luchas por el poder incorregible. ¿Y eso que tiene que ver? Pues que ahora las organizaciones de la sexodiversidad que dice Espina, más organizada y agarrando más prensa que las feministas radicales, no han podido levantar ni la mitad de las firmas que en 1944 presentaron las mujeres que defendieron y conquistaron el derecho al sufragio del que gozamos hoy en día nosotras, las herederas de esas luchas. ¿Cómo hacemos para no defraudar ese legado histórico y ponernos a su altura con los retos actuales? ¿qué pasa con la militancia feminista y sexodiversa? ¿es un problema de recursos o un asunto de honestidad ético política?
El abuso sexual de parte de los médicos ginecólogos enfermos de poder, la despenalización del aborto que desangra y mata a las mujeres más empobrecidas de este país y el reconocimiento de los derechos politicos de la población LGBTTI que podrían comenzar a ver luz a partir de la Ley de Equidad e Igualdad de Género, en mi opinión, son las prioridades a debatir, para actuar en consecuencia.
Diana Ovalles Márquez
ciberfeminismo.org.ve
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